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Ricardo Panizza nos ha brindado una conferencia, en mi opinión, deslumbrante, de elevada formación académica y con profundo contenido filosófico. Es de resaltar, en particular, su formación en valores humanos. Nos cuenta que ha tenido el privilegio de viajar y contactarse con el mundo árabe, allá por los años 60, y que realmente valió la pena esta aventura.
Nos relata que la actividad de los calígrafos de aquellos pueblos encontró en la escritura una forma artística y armoniosa para transmitir el mensaje revelado por el Corán. La escritura árabe no se basta únicamente como simple medio de comunicación entre los hombres, aspira también a algo más, a llegar a valores morales, sublimes, espirituales, de belleza, sin dejar por ello de ser comprensible. La inspiración en el saber hacer, parte de la fe, de un contacto con el hombre interior y el hombre exterior, con la vida, es decir, con la búsqueda incansable del hombre, que es la “armonía interior”. Aquí el autor cita un proverbio árabe: “Sentirse como un pez en el agua”.
Se puede no conocer la escritura árabe, expresa, pero las formas que adopta la misma no dejan de asombrar por su equilibrio y sentido estético, haciendo trascender su mensaje más allá del significado literal, impactando por su belleza y armónico ordenamiento plástico. La labor diaria del calígrafo, continúa diciendo, incluye la formación de nuevos discípulos en este “arte mayor” y contiene tres premisas. Una de las premisas fundamentales en la educación de los futuros calígrafos, sostiene enfáticamente, pasa por tres ejes directrices que, aunque el alumno no llegue a conocer la escritura, se sumerge en las formas que adoptan, en su sentido estético y no deja de maravillarse del equilibrio interior, llegando a vislumbrar la belleza que ha elaborado la inteligencia, la voluntad y la espiritualidad que su mano produce.
Primer eje: La generosidad, la que lo lleva a compartir su conocimiento interior sin reservarse nada para sí mismo.
Segundo eje: La paciencia, saber esperar, para elaborar y edificar un nuevo lenguaje interior en aquel que espera nuestra respuesta.
Tercer eje: La humildad, esperar que nuestro discípulo algún día nos supere y, estar gozoso por ello.
Por lo expuesto hasta aquí, le preguntan:
-¿El calígrafo árabe tiene su origen, medio y fin en la divinidad?
-Sí, responde categóricamente.
Y continúa: la caligrafía árabe contiene un inmenso material filosófico y divino que nos lleva a reflexionar y descubrir las relaciones entre las letras y la vida interior de cada uno de nosotros. Si descubrimos su pasión y entrega, sin titubear, el aprendizaje de la caligrafía árabe, llamado “arte mayor”, nos conduce a lo trascendente, y da forma a la palabra revelada en el Corán.
-¿Qué sucede con el hombre común, que por sus medios no ha logrado poseer las virtudes del calígrafo?
Un breve silencio. Luego responde.
-Esta pregunta no se la puedo responder. No la tengo. Entiendo que usted, es muy posible, puede tener una respuesta superior a la mía a este interrogante.
Origen y fundamento de la caligrafía árabe
Panizza nos introduce en una breve síntesis sobre el advenimiento del Islam. La península arábiga se encontraba inmersa en el politeísmo y la idolatría. Consecuencia de ello, llevaba a los pueblos a un deterioro moral y espiritual y de gran decaimiento en las costumbres. Con la llegada del Islam se produce un cambio y un ordenamiento moral en la cultura, que la caligrafía árabe da testimonio evidente de ello. La idolatría existente antes de la cultura del Islam, estaba plagada de imágenes y representaciones con sus diversos dioses. Con la llegada del Islam y la nueva religión, prohíbe definitivamente estas representaciones figurativas y la adoración a otros dioses.
La caligrafía, viene a ocupar el lugar de la representación de imágenes en los lugares santos. El poeta griego Homero la define como “algo que el intelecto manifiesta en el cálamo a través de los sentidos, cuando el alma se encuentra frente a la caligrafía, ama en ella el primer elemento, “el intelecto”.
A partir de la construcción de la ciudad de Kufa la escritura comienza a llamarse “kufi”. Este estilo “kufi” continua diciendo, ha dado origen a otros estilos de los diversos pueblos convertidos al Islam para conservar los textos sagrados coránicos. Existen numerosas lenguas diferentes del árabe, el caso del idioma persa, varios dialectos de África, de India, de Indonesia. El idioma turco lo adopta en el año 1929. Existe una palabra árabe que indica todos los actos humanos, esa palabra es “niat”, que significa “intención”.
Características y desarrollo de la caligrafía árabe
El expositor menciona detalladamente los estilos caligráficos, destacando seis estilos principales, “thuluth, naskhi, muhaqqaq, rayhani, riqa y ttaequ”.
Lo estilos fueron llamados con el nombre de “al qalam-as-sittah” en lengua árabe, y “shish-qalam” en lengua persa, y su traducción es “las seis plumas” o “los seis estilos”. La palabra “qalam” significa en castellano “cálamo” y por extensión pluma. La caña que tanto es utilizada para modelar letras como así también, representa un estado del alma, que sabiendo lo que quiere expresar el corazón que la guía, puede expresar numerosas y variadas ideas.
También nos relata que de la relación que existe entre el largo de la caña y la mano que va a hacer uso de ella, debe cumplirse y mantener una relación siempre invariable para obtener la armonía. Plantea las notables similitudes entre el hombre y la escritura, porque si bien esta última modela letras sobre papel, el hombre está obligado a escribir su vida a través de sus acciones.
Los maestros calígrafos árabes llegaban a copiar a mano e iluminar más de 200 Coranes. Hay que mencionar que un calígrafo al concluir una obra habría copiado 114 capítulos con un total de 6236 versículos.
En Occidente las letras latinas siempre constituyen unidades separadas, mientras que en la escritura oriental son integradas. La caligrafía arábiga tuvo su origen no sólo como medio utilitario de comunicación entre los hombres, sino como un medio sagrado de comunicación entre Dios y los hombres. La escritura del alfabeto árabe utilizada en la Meca y Medina, en la primera mitad del siglo VII es una escritura consonántica. Como todas las escrituras semitas, tiene 28 fonemas y se escribe de derecha a izquierda.
La palabra “Allah” representa en la forma del Corán el único testimonio de la revelación divina. Esta revelación, se califica a sí misma en el Corán como una “escritura armónica” que está guardada junto a Allah “en inmaculadas hojas” que es bella e insuperable.
La caligrafía es un arte que no puede aprenderse mediante la memorización de sus reglas, para desempeñarlo con maestría se requiere de un talento especial. Panizza ilustra el acto creativo de la escritura árabe, mediante la similitud con la trama de una pieza de tejido: imaginemos, dice, un telar primitivo en el que los hilos cuelgan de la urdimbre verticalmente y la trama los va uniendo horizontalmente mediante el movimiento de vaivén de la lanzadera, que evoca la repetición de los ciclos de los días, los meses, los años, mientras que la inmovilidad de la urdimbre corresponde al eje polar, Este eje es único, pero su imagen se repite en cada hilo de la urdimbre, al igual que el instante presente, que es siempre uno, parece repetirse en el curso del tiempo. Del mismo modo que en el tejido, el movimiento horizontal de la escritura, que es ondulante, corresponde al cambio y al devenir, mientras que el vertical representa el plano de la esencia.
La caligrafía árabe ocupa una posición muy especial en el arte del Islam, ya que esta estrechamente relacionada con la revelación coránica. Observando los trabajos de un gran calígrafo se comprende cabalmente su maestría a través de su intencionalidad. Sus trabajos reflejan el sentido estético, la minuciosidad y la armonía en pequeños detalles.
Consideraciones finales
T-convoca nos ha obsequiado el privilegio de disfrutar a un notable maestro de la Caligrafía árabe. Para aquellos que por primera vez se acercaron a este mundo de la cultura oriental y, enfocado desde la Caligrafía, fue interesante descubrir así la maestría, el fervor, la pasión, y porque no decirlo, el amor con que se entrega un calígrafo a su labor diaria.
Un destacado profesor presente entre el público le manifestó al profesor Ricardo que lamentaba que muchos de sus alumnos no se encontraran presentes, para escuchar sus palabras y contemplar sus trabajos, apreciar la maestría y el valor del calígrafo en otras culturas. Finalizada la charla, un caluroso y sostenido aplauso para despedir al expositor. Nos retiramos del aula del cuarto piso de la FADU. En la planta baja del edificio, se queda un grupo de asistentes comentando la ponencia de Ricardo Panizza.
Transcurrido unos instantes, Panizza saluda, baja las escalinatas de la facultad y retoma el camino a su estudio. Allí, lo espera el cálamo, la tinta y el papel.
Empuña en su mano derecha el cálamo, lo sumerge en la tinta, inclina su mano derecha a 45 grados sobre el papel, y retoma el sendero iniciado. Custodiado por el arcángel San Gabriel, va tejiendo y develando la palabra sagrada.
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