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«Tags – una intervención urbana incomprensible»
La política de signos y el efecto de graffiti en las calles de Buenos Aires. Aljoscha Igrich.
 
   
 

   
   
 
 

El increíble lenguaje de los alfabetos imposibles

 

Resulta por demás interesante participar de una charla con un tema innovador e inexplorado como Graffitis y Tags, aunque bien le quedaría el concepto de inexplotado, pensando en el uso excesivo e indiscriminado que el universo comercial le augura, más aún si el disertante pertenece a un país del primer mundo, además de ser el creador del primer museo del graffiti.

Ocurre algo contrario a lo esperado cuando descubrimos que no es en París o Nueva York sino en Berlín, Alemania, el lugar físico en donde este museo se ubica. Es lógico comprender, a partir del historial, que expresó aquel muro divisor a lo largo de su corta pero dolorosa estadía. Esas paredes debieran tener la verdadera esencia del concepto graffiti, un soporte público en donde expresar la queja de una sociedad. Resulta paradójica, o quizás no tanto, la idea de su desaparición y su posterior atomización en partes tratadas como mercancías comerciales, a partir de la venta, (incluso a través de internet), de cada una de esos fragmentos de la historia… Y el museo, increíblemente, se crea en Berlín, en donde pintar una pared suele interpretarse como una falta de respeto tanto a la propiedad como al espíritu del otro.

Así, el ilustre responsable de esta creación, Aljoscha Igrich, presentó en T-convoca su visión cosmopolita sobre el universo de los tags o “firmas de grafiteros”, en el marco de su tesis doctoral, la cual generó una respuesta favorable entre el público asistente. El orador, aunque respetuoso de otras formas de pensar, puso en debate algunos términos pertinentes a nuestra especificidad tales como “identidad” o “comunicación”, conceptos a partir de los cuales se originaron interesantes focos de discusión y análisis.

Apoyado por sus apuntes, (que me hicieron recordar a los machetes del arquero alemán Lehmann en la definición a penales frente a Argentina), junto a un gran caudal de imágenes capturadas en barrios seleccionados de la ciudad de Buenos Aires, Aljoscha fue desgranando sus ideas, un conjunto de opiniones, deducciones y algunas preguntas, desde las más racionales a las más obvias, como la que cuestionaba el carácter subversivo o marketinero del uso de los tags, o bien cuando se preguntó por el carácter “salvaje” que les dio origen. Aunque tal vez, su incisiva línea de pensamiento podría haber arribado a un desenlace más audaz que el que llegó finalmente.

A partir de lo proyectado, el orador atravesó el camino recorrido por el graffiti, desde su utilización en pintadas políticas hasta la definición de “relación entre personas” (sic) aludiendo a las marcas de pandillas o “crews” que llevaron a la creación de este tipo de grafismos.
Expresó que una diferencia que se debe marcar o estipular para incluir a un garabato dentro de la categoría, es el hecho de encontrar en él cierto criterio artístico, una estética particular que lo encuadre bajo los cánones preestablecidos, luego de definir las pautas de cada uno de los diferentes estilos que de este arte existen.
Allí se apoyó en una excelente bibliografía sobre el tema, el ya casi clásico ”Writing: Urban calligraphy and beyond”, uno de los primeros textos elaborados por y para diseñadores, en donde se muestra y reflexiona sobre este género. Libro que además plantea ejercicios tales como relacionar tags orientados a marcas comerciales y su tratamiento a modo institucional a través de manuales normativos como programas de identidad visual, cuyos resultados son realmente interesantes.

Conceptos como “identidad”, “relación entre formas” y “gestualidad” buscaban encontrar cierta lógica entre orador y audiencia. Así, tratándose de una presentación frente a un grupo de diseñadores gráficos con devota inclinación hacia la tipografía no tardaría mucho en lograr que se activen los mecanismos de expresión, lográndolo a partir de una tajante frase emitida por nuestro invitado: ”La expresión del tag es personal, su representación es la vivencia de cada uno y podríamos decir que es auto referencial”.

Fue entonces cuando la charla dejó de carretear para así despegar, y luego finalmente  generar preguntas y cuestionamientos.
¿Hasta que punto no se trata de un lenguaje repetitivo y ya codificado, con leves espacios vacíos de posibilidad gráfica en donde ser diferentes?, situación que llevaría a otra de las hipótesis de la jornada, a que el mercado utiliza este recurso visual basado en objetivos predeterminados, un tema a desglosar finamente. Tal cual fue hecho por el público presente.
Debatimos acerca de cómo marcas como Nike, Quicksilver, Cartoon Network y otras ya lo han incorporado en diversas dosis, obligándonos a aceptar estas expresiones como parte del sistema, de lo esperable y cotidiano, volviéndose entonces un arma útil para lograr en la audiencia las valiosas identificaciones, dando así rienda suelta a un objetivo claro: vender.

Atrás quedó lo expresado por Baudrillard en relación al grafiti, cita utilizada por Aljoscha, la cual expresa: ”No denota ni connota, son imágenes vacías de contenidos y muestran su flaqueza”, concepto que puede estar en lo cierto dependiendo de la situación espacio-tiempo en donde sea utilizado. No parece ser muy flaca la intención de usarlo como argumento de venta, tanto en avisos publicitarios como en su implementación en prendas y demás objetos de consumo, tras haber obtenido bastante llegada a una buena porción del mercado, entendiéndose, claro está, que su masividad no es sinónimo de contenido, pero que a la hora de la compra, pareciera influir y mucho.

Fotografías del país de origen del orador, en donde una ciudad casi virginal es intervenida por un tag, fueron comparadas con alguno de nuestros barrios, quizás uno de los más emblemáticos en lo que a contaminación visual se refiere, el barrio de Once.

Allí se evidenciaba la diferencia que esta intervención le propone al entorno urbanístico, no sin sorpresa para la mayoría de los habitantes de ese suelo, pero al parecer, convertido en materia de estudio y análisis para los que no forman parte de este folclore cotidiano. El Once, donde la contaminación no preocupa tanto como otras acepciones de esa misma palabra.

Hacia el final se inició una discusión por demás interesante, el hecho de mirar como tipografía a este particular sistema de grafismos, la imposibilidad técnica para la implementación de esos signos en donde, en su versión más purista, cada forma de letra es producto de la morfología tanto del signo que le precede como del que le sigue. Una vez capturado su lenguaje gráfico, cada signo puede jugar por separado sin ligarse a otros como ocurre con las tipografías clásicas, aunque manteniendo su semántica intacta. Dificultad técnica que, por otra parte, a partir de experimentos como los producidos por Just van Rossum en Beowolf, junto con los nuevos formatos de fuentes, puedan dejar de serlo.

Expresiones gráficas libres, aunque cada vez más subordinadas a la moda, los tags comienzan a ser parte de nuestro entorno cotidiano y merecen que sigamos fijándonos en ellos. Aljoscha Igrich, con sus textos e imágenes, puso en foco el problema, a nosotros nos queda develarlo. ¡Felices nosotros!

   
 

Reseña: DG Diego Pérez Lozano

* Writing: Urban Calligraphy and Beyond. Markus Mai. Ed. Gestalten Verlag. 2003

   
   
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