Como apertura del tercer ciclo de t-convoca asistimos a la proyección del film El hombre del blanco y negro *. Adrian Frutiger, sin duda, es uno de los principales tipógrafos que surgieron en la posguerra europea. Su obra es reconocida por varias generaciones: imposible abordar una mirada hacia atrás sin tropezar con alguna de sus memorables fuentes. De algún modo, se constituyó en un paradigma de la tipografía del siglo 20.
En este documental encontramos a un Frutiger personal y reflexivo, que para expresarse recurre tanto a palabras como a silencios. Y su experimentada mano trazando letras.
Se apela a algunos aspectos biográficos, como su estadía en París durante la década del 50. Filmaciones de época que muestran a un joven Frutiger paseando junto a su primer esposa y amigos. Es la época de su paso por la fundición Deberny & Peignot, previa a la apertura de su propio estudio.
Para contrastar, y ya de vuelta en su Suiza natal. nos traslada a su residencia actual. El silencioso bosque en Bernese Oberland que la cámara logra captar con sutileza. El lago, la montaña y la soledad de su estudio. Aquí, Frutiger parece haber encontrado su lugar en el mundo. Lo vemos perfilando formas sin otras herramientas que unos cuantos lápices y un juego de pistoletes.
Transitamos por su recordada producción tipográfica, desde la gestación de la serie Univers, sus proyectos para la escritura Devanagari, hasta la señalización del Metro de París y del Aeropuerto Charles de Gaulle. La fuente Roissy, diseñada para aquel proyecto, es rebautizada poco tiempo después, para ser comercializada bajo el nombre de su diseñador.
Se ofrece luego un interesante recorrido a través de lo realizado últimamente por el autor de Signos, símbolos, marcas y señales . Nos referimos a su trabajo con formas orgánicas, fuertemente impregnado por la naturaleza que lo rodea. Así, hojas de árboles, piedras, agua y nubes son transpuestas al papel como siluetas abstractas, sintéticas y plasmadas con sensibilidad. Sorprende cierta afinidad entre estos signos y algunos rasgos de sus fuentes tipográficas.
Son parte de la última etapa de su producción, quizás la menos difundida, pero tal vez la mas cálida y conmovedora. Acompañan los pensamientos y los relatos personales de Frutiger.
La fotografía del film es impecable, destaca una criteriosa utilización del blanco y negro, articulada con las secuencias en color. La banda sonora reitera una misma cadencia melódica para atravesar las distintas escenas del film, quizás, sobrecargando algunos matices.
Finalmente, tras la proyección de El hombre del blanco y negro, dedicamos unos minutos para definir aspectos organizativos del nuevo ciclo de t-convoca. El nuevo ciclo que acaba de comenzar con imágenes de Adrian Frutiger.
|